A menudo me sucede, y por el paso de los años cada vez con más frecuencia, que me encuentro con cursillistas, dirigentes comprometidos, que me dicen “tengo la pena de no haber conocido a Sebastián». Se refieren a Sebastián Gayá, el sacerdote iniciador, junto con un grupo de laicos y un joven obispo, del Movimiento de Cursillos de Cristiandad (MCC). Y entiendo que se refieren a no haber tenido contacto físico o sensorial con Sebastián, porque en lo que se refiere al conocimiento del pensamiento de Sebastián yo tengo la solución.

El consiliario nacional del MCC y obispo de Tarrasa José Ángel Saiz Meneses se refiere hasta en siete veces en la presentación de la última edición del libro en 2009 a “Reflexiones” como un libro de espiritualidad. No hay hasta el momento publicaciones sobre la espiritualidad del MCC propiamente dicha (ojalá sea por poco tiempo), pero ciertamente es la espiritualidad el pegamento que nos une a todos los cursillistas del mundo. El cómo rezamos, el cómo hacemos oración y sacrificios por la salvación de los demás (intendencia), el cómo nos hacemos dependientes del Sagrario en nuestra vida, la amistad… Es la espiritualidad del MCC lo que nos une e identifica.

Y… ¡estamos de fiesta! Las “Reflexiones” celebran sus bodas de oro desde su primera edición en 1969.

¿Quieres conocer a Sebastián? Lee el libro, siguiendo sus propias instrucciones de la página 16 y le escucharás toser y hasta aclararse la voz o repitiendo aquella coletilla “¿entiende?” al final de algunas frases.

Comienzo por el principio, en una intencionada obviedad y doy paso a Sebastián que nos dedica personalmente el libro:

ESTAS PÁGINAS VAN DESTINADAS

a cuantos sientan la nostalgia de un mundo que pudiera y debiera ser mejor;

a cuantos, no conformistas, piden algo más a la vida;

a cuantos no se sienten satisfechos en esta tierra donde sólo tenemos “posada para una mala noche”;

a cuantos tienen inquietudes por conquistarse y conquistar;

a cuantos no quieren querer a medias y poner los medios para no ser una vulgaridad gregaria;

a cuantos saben pensar y querer sentir;

a cuantos comprenden que tienen alientos y arrestos y responsabilidad de saber que, a donde quiera que vayan no van solos pues llevan siempre detrás de sí un séquito de almas;

a cuantos han visto la estrella de los Magos y quiere hallar a Dios;

a cuantos han hecho de su vida un eterno peregrinar hacia las metas eternas;

a cuantos creen que Dios quiere todavía que el mundo se salve;

a cuantos, en fin, quieren santificarse santificando a los hermanos.

Paco Sanz