No podía haber estado más acertado el lema de este año para la Pascua de familias, y es que en él se recoge de manera muy resumida dos de las claves del triduo que hemos vivido en Guadarrama las 300 personas que nos hemos juntado para la gran fiesta de nuestra fe:

“Mirad”: casi imperativamente nos hemos auto obligado a abrir los ojos para contemplar el misterio que rodea estos días, pero sobre todo a hacer memoria de nuestra propia historia de salvación y admirarnos con ella y con las historias que tan generosamente se han compartido en los rollos y decurias.

“Amor”: Raro es el que no sale de estas convivencias con una sensación de “Tabor” indescriptible… el amor se palpa, te abraza, embriaga y esponja el corazón llevándonos a un encuentro precioso con la comunidad, como gran familia que es, y con el Señor, facilitando el punto anterior hasta poder verle en todo y en todos.

En lo personal ha sido una Pascua entendida desde el servicio: no conforme con ir en el equipo de adolescentes me he puesto a tiro para ir también en el equipo de música. Asique ha sido un no parar. Pero no lo cambio por nada del mundo, ya que, he podido experimentar de primera mano que, evidentemente, para resucitar es necesario morir. Morir a mis comodidades y pequeños egoísmos o cansancios me han hecho abrirle el corazón a Jesucristo Resucitado y resucitador… y tengo la certeza de que no soy la misma persona que hace una semana. Y todo porque, en efecto, el Señor ha Pasado, “y cuando pasa todo lo transforma” (si le dejamos, claro).

Este año hemos tenido un grupo grande de adolescentes, 42 en total (más los 7 que formamos el equipo: 49), y nos vamos de esta convivencia más hermanados y más unidos en la fe. Es alucinante ver como Dios no entiende de edades para tocar y transformar vidas y corazones. Sobrecoge ver con qué naturalidad y sencillez acogen estos chicos la presencia y acción de Dios en sus vidas. Para mí son un ejemplo y motivo de orgullo. Incluso me dan cierta envidia sana por ver el regalo tan grande que tienen y a tan temprana edad.

Ha sido una Pascua llena de mimos y regalos del Señor. El poder compartirla con mi familia casi al completo (Edu y Juan Bosco, mis otros hermanos, estaban en la Pascua de Jóvenes, así que pese a la distancia, estábamos también unidos) ha sido de los más grandes que he recibido. Mis padres, mi hermana, mi cuñado y mi sobri, aunque han hecho el cursillo (lógicamente mi sobrino de 1 año, no) viven la fe en otras comunidades y ha sido precioso poder compartir con ellos mi gran familia cursillista y que vean el lugar donde estoy creciendo tanto, que me hace tan felizy donde quiero, y hago lo posible, por entregar la vida. Y además que me hayan dejado ser el pregonero de este año, para anunciar al resucitado y poder celebrar ese momento con los míos, ha sido una autentica pasada.

Podría enrollarme contando mil momentos pero en resumen: salgo con el corazón encendido, hinchado por tanto recibido y con una sensación de gratitud y amor impagables e inconmensurables. Ahora toca seguir haciendo memoria y trasladarlo al día a día, a todos mis ambientes porque todo el mundo merece experimentar esto.

¡Feliz Pascua! ¡De colores!

 

Guille Llandres Cons (Ultreya Santa Maria Micaela)

 

 

Acudí a esta Pascua de familias, motivado por la pertenencia de mis hijos al movimiento de Cursillos que insistían en que la viviéramos juntos. Mi mujer y yo, pertenecemos a otro movimiento de la iglesia, los Salesianos, siendo los dos cooperadores salesianos. He de decir, que nos sentimos acogidos e integrados en cursillos como si fuera nuestra familia. Esto me ha hecho reflexionar lo grande que es ser católico y estar dentro de la Iglesia, en uno o en otro movimiento. No importa el carisma en el que desarrolles tu fe, eres Iglesia. Sé que en los cursillos se intenta que no se den las gracias, pero yo quiero hacerlo, pues es un movimiento que impacta al que lo conoce, que acerca a Dios a tanta gente, entre ellos a tantos jóvenes, que es de agradecer. 

La Pascua compartida con vosotros me ha llenado de Cristo resucitado y cuando me han preguntado mis alumnos por mis vacaciones de Semana Santa, les he contado que he vivido con mi familia estos preciosos días junto a otros hermanos y que además de sentir a ese Cristo resucitado he podido comprobar que hay mucha gente buena a nuestro alrededor. Me quedo con vuestras sonrisas, vuestros abrazos y la sincera acogida de hermanos cristianos. Desde Don Bosco, con cariño…DE COLORES. 

 

Rafael Llandres Domínguez

 

 

La Pascua de familias nos ha hecho mucho bien en conjunto, al salir de ella nos hemos sentido reconfortados y muy animados. Ha sido una novedad para nosotros en cuanto que nunca la habíamos vivido en familia y eso nos ha gustado muchísimo, pero es verdad que nos costó entrar en la dinámica al ser tan ruidosas las celebraciones. Fue un poco difícil abstraerse, pero luego nos dimos cuenta de lo bonito que es ver tantos niños y familias celebrando el triduo. Hemos aprendido a ver de otra manera el amor a la familia, el servicio dentro de la misma, la transmisión de la fe a los hijos… Y hemos aprendido que la Gracia actúa aun cuando no te estás dando cuenta porque estás atendiendo a los niños. También nos ha encantado sentirnos parte de la comunidad, los rollos nos han ayudado un montón… En resumen, ¡¡¡una experiencia para repetir!!!!

 

Leticia Llandres Cons