Con el corazón muy agradecido, así hemos vivido esta Pascua junto a Jesús, los jóvenes de Cursillos de Cristiandad de Madrid… y de París, de Zaragoza, de Castellón, de Valencia, de Getafe, de Oviedo… porque cada vez somos más, más diversos y a la vez estamos más unidos. ¡Santos, Apóstoles y Unidos, que así siga siendo!

Rollo de acogida de Luís Casarrubios, al fondo, el lema de esta Pascua 2019.

Durante los 4 días más importantes de nuestra Fe hemos vivido el Triduo Pascual en Rozas de Puerto Real, haciendo un alto en el camino en nuestras agitadas vidas para mirar a la cruz y fijar todos nuestros sentidos en el Crucificado.

Hemos tenido la suerte de poder vivir muy cerca de Él y con nuevos detalles que nos han ambientado y nos han facilitado mucho la oración, como la celebración de la Pascua Judía la tarde del jueves Santo, tal y como la celebró el Señor con sus discípulos antes de abrazar su Pasión; o estudiando la sábana de Turín guiados por Enrique Cabrera para tratar de analizar históricamente cómo fue la muerte y Resurrección de nuestro Señor; o rezando con los mosaicos del sacerdote Marko Ivan Rupnik, explicados por Jaime López.

Celebración de la Pascua Judía.

Y también tuvimos lo que nos caracteriza a los cursillistas: rollos, decurias, momentos de descanso en los que crecer en la amistad y una liturgia preciosa, que nos condujo hasta una Vigilia Pascual en la que pudimos contemplar el sepulcro vacío y empezar a vaciar nuestros propios sepulcros.

Salimos felices y cansados, pero con ganas de entregarnos y ser luz y cebo entre nuestros ambientes.

 

¿Acompañamos a Jesús o es Jesús el que nos acompaña?

A nivel personal ha sido una Pascua muy diferente, aunque todas lo son. Siempre se nos insiste en vivirla como si fuera la última, y con esa mentalidad llegaba la mañana del jueves. Nos insistía Jaime en que nos acercásemos con los ojos bien abiertos, que fuéramos unos mirones. Y desde primera fila me propuse acompañar a Jesús, y guardar estos momentos como un tesoro a los que recurrir en momentos difíciles, de refuerzo cuando tuviera que dar testimonio o simplemente para llevármelos a una acción de gracias.

Pero el Señor me cambió los planes, y se lo agradezco, porque habría sido una Pascua más superficial. A la vez que nosotros entrábamos en la casa del seminario menor de Rozas de Puerto Real, en mi Parroquia de la Purificación de Nuestra Señora empezaban a vivir lo mismo que nosotros y las familias de cursillos empezaban la suya en Guadarrama. Nunca había sido tan consciente de esto, de que da igual donde estés viviendo la Pascua o la Eucaristía de cada día, que Jesús está en todas y te une a las demás.

En la Pascua de familias estaban mis padres, Jesús y Ana. La Providencia quiso que fueran a esa Pascua, a escasos kilómetros de la residencia donde estaba ingresada mi abuela Carmen, que convivía con una enfermedad degenerativa desde hace algunos años y que en las últimas semanas había visto empeorar mucho su estado de salud.

Normalmente dejo el móvil en la habitación durante Cursillos y convivencias, pero en esta ocasión he estado pendiente entre actividad y actividad, con un vistazo o un mensaje rápido para estar con estas dos Pascuas que he vivido en paralelo, la de la Parroquia que he estado preparando con los jóvenes las últimas semanas y la de familias con mis padres y amigos.

El viernes mi abuela empeoró considerablemente y mis padres le pidieron al padre Roberto si podía acercarse a darle la Unción de los Enfermos. Subió inmediatamente con ellos y mi abuela, que ya había perdido la consciencia, la recuperó un instante y le dirigió su última palabra a Boby revestido como Sacerdote, como Jesús. Dijo: “Gracias”.

Yo recibí esta secuencia en un momento de desierto para la oración personal, que si bien es cierto que me rompió, me ayudó a vivir aún mejor lo que venía por delante, con Cirineo Casarruti incluido que desde la discreción tomó la cruz y sin preguntar me acompañó en el silencio.

La Pascua siguió y tornó esa tristeza en alegría y Esperanza, mucha Esperanza. Jesús baja a los infiernos para sacarnos de nuestros sepulcros. Y yo le pedía a Jesús dirigirle esas palabras de mi abuela paterna: “Gracias”. No hace falta mucho más para poder vivir este misterio Pascual que un corazón agradecido.

Mi abuela Carmen subió al Padre la noche del Domingo de Resurreción. Lo que ha venido después ha sido sobrecogedor. Nosotros habíamos experimentado cómo acompaña la Comunidad y el poder de la Comunión de los Santos cuando nos ha tocado, encantados, arropar a un hermano.

Pero Vivirlo desde el punto de vista del arropado… ha sido tremendo. Ser mendigo, el necesitado, dejarse lavar los pies, en esta pobreza… sana corazones y cierra heridas.

“Luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies” Jn 13

Yo le pido al Señor que el testimonio de estos días sirva para que nuestra familia sea una, y que mi padre, mi madre y yo seamos “cebo” entre hermanos, primos, sobrinos… del que se sirva el Señor para que el mundo crea. Y termino esta Pascua siendo consciente de que es Jesús el que nos acompaña con el peso de nuestras cruces, pero infinitamente más de lo que nosotros le ayudamos a Él a cargar la suya.

 

Una necesaria mirada atrás…

No me puedo resistir a incluir en este artículo esta retrospectiva. Hice mi Cursillo (303) del 5 al 8 de diciembre de 2014 y tal vez no fuera hasta la Pascua de 2015 cuando me sentí verdaderamente miembro de la Comunidad. Yo ya estaba entusiasmado con mi Reunión de Grupo y mi Ultreya, pero es cierto que solo tenía confianza y verdadera amistad con la gente de mi Cursillo.

Recuerdo como si fuera ayer aquel rollo de jueves Santo de Abraham Novillo. Recuerdo que al terminarlo entusiasmado pensé… “tú, que esto es como un cursillo”. Esa misma tarde se me acercó Marta Alonso, (entonces desconocida, hoy una de mis mejores amigas) a decirme: ¿te importaría que luego te laven los pies?… “No”… Menos mal que al rato cambié de opinión y me dejé lavar los pies por Jesús.

De aquella Pascua recuerdo a tantas y tantas personas que por circunstancias ahora están en otras partes… pero lo que lo cambió todo fue el camino de Emaús, cuando me tocó con Esther Zurita. Fue tal la amistad que forjamos en esa hora escasa, que aunque a los dos meses se marchara a trabajar al extranjero (y a día de hoy sigue fuera de Madrid), nos hicimos amigos para siempre. Son de esas amistades con raíces en Cristo que lo soportan todo… Hoy martes 24 de abril, es justo ese Evangelio, el de los dos de Emaús. Esther me ha escrito hace 5 minutos, mientras escribía este artículo para decirme que se había acordado al leerlo.

Esther me introdujo en la Comunidad, y me presentó a los que a día de hoy son mis mejores amigos. Por ahí llegaron Nico y María Golmayo que no vinieron a esa Pascua ya que eran responsables de adolescentes, o Luis Hernández cuando aún no era cursillista.

Frutos del camino de Emaus. Panchi, María, Nico, Esther y Luís en Santa Sofía este verano. La Sabana Santa ya estaba en Turín.

Aquel año también había una dinámica consistente en rezar por una persona. Nos regalaron una cruz y tenías que rezar por el nombre que figuraba en ella. La persona a la que le toqué, Chester, se lo tomó tan en serio que a día de hoy es otro de mis mejores amigos.

En esa Pascua también estaban varios de mis mejores amigos de hoy, como Blanca Vida o Luisto, con los que no crucé palabra alguna en esa convivencia. (El gaditano de Toledo estaba ocupado componiendo su primer éxito cristiano, “el yisus”). Recuerdo que al principio me frustraba un poco no poder ni saludar a todos con los que convivía esos 4 días… con el tiempo me he dado cuenta que Dios te los pone a su debido tiempo, que hay que saborearlos sin agobiarse.

Después de esa Pascua han venido 4 más, todas diferentes entre , y con ellas, muchísimas más personas, más decurias, más caminos de Emaús… Cazalla, Astrid y Álvaro, Rafu y Micky, Jorge, Borja y María, Javi Iñigo y María, Inés y Nacho, Edu Palanca, Inma, Paula y Elena, Irene, Tronkit@, Gema, Juan, Carazo, Villoria, Arnaiz, Tacho e Inés, Silvia, Alex y Diana, Nacho y Cris, Espe, Mingo, Sara Poza, Ilde, Turbi, Los 4 Murgas y Poggio, Juan Peláez, los Fernández-Merino, Neno y Chin, Vega, Laura, Santi y Lucía, Wsewolod, Bagur, Jorge y Ros, David Jimenez, Pedro Rubiato, Inés de Medrano, Miriam, Alex, Cuco y Leti, Leonor, Tere, Los Llandres, Mis hermanos David y Ramón, Fiamma, Paloma Gómez, las Cañedo y sus Javis, Dani Revuelta y María, Javi Senent, Elena y los de Castellón, Nicole y las francesas, Los Alexander y Javi, Los Oliver, Ángeles, Kati y Elena, Iñaki y Sonia, Paola y Maggie, Lobo, Carrasco, Vero, Rocío y Vicky, los del 303 o Belén Vida… y tu también Montse. Y todos tus hermanos.

Todas estas personas, de las que me he dejado cientos, ya que escribo de memoria, al final, y como dice Jaime, el sacerdote que siempre ha estado al frente de los jóvenes y que tanto me ha ayudado en esta segunda juventud que Dios me ha regalado en el seno de su Iglesia, solo son el «cebo» del Señor.

Benditos cebos que me ha puesto el Señor para mirarle a Él. Esta Pascua, por fin y a pesar de mis torpezas y limitaciones, creo que lo ha conseguido. Gracias Señor por esta Pascua, por habérmela permitido vivir desde varios lugares. Y gracias por estas 5 Pascuas que he podido disfrutar siendo un joven cursillista. ¡De colores!

Panchi Díaz-Regañón (Ultreya de Nuestra Señora del Aire).