EDITORIAL

QUE NO SE NOS OLVIDE

Juan Antonio Montoya

 

“Hemos tocado el Verbo de la Vida” (1Jn1, 1-2) y esto, que todos hemos experimentado, nos ha cambiado la vida. Y no se nos puede olvidar, porque ya no podemos vivir de otra forma: “Somos de Cristo” (1Cor 3). Pueden venir curvas, momentos duros, el mundo se nos puede colar, pero el Señor nos ha elegido, estamos salvados y no podemos parar de dar gracias y anunciarlo en nuestros ambientes.

El curso pasado el Papa nos exhortaba a la santidad; no a ser buenos o a llevar una vida piadosa, no, a la santidad. ¡Ultreia!, ¡Suseia! Mas allá, más alto. Nos llamaba a dar la vida en el matrimonio, en el noviazgo, en la familia, en el trabajo, en “las duras y en las maduras”. Y a nosotros como cursillistas, además, a ser punta de lanza; por amor a Cristo, por gratitud, por ser administradores de su Misericordia. Se nos tiene que notar que somos hijos de Dios, que corre por nuestras venas la Sangre derramada de Cristo, presente a diario en la Eucaristía. Me viene a la cabeza la Misión de Perú y tantos otros sitios donde solo pueden celebrar la Eucaristía de vez en cuando. ¡Y nosotros, con cien oportunidades diarias de vivirla!

Hay que ir a por nuestros ambientes. Que nadie diga que están agotados. Los míos por lo menos no lo están, ni mucho menos. Y si no, a buscar nuevos. Tenemos por delante quince Cursillos previstos para este curso, y todos tienen que estar con “lista de espera”. Volvemos del Camino de Santiago, de Perú, de nuestro descanso veraniego con el corazón encendido, habiendo podido experimentar cuánta necesidad de Dios hay en todas partes. Yo he sido testigo en mi casa. ¡Ultreia! ¡Suseia!

Y además de la Eucaristía y otros muchos instrumentos que el Señor nos pone para hacerlo, contamos con la Comunidad, que no es para “vivir calentitos” y aislados, sino para lanzarnos, arroparnos y ayudarnos a difundir la Buena Noticia, que se puede vivir de otra manera.

El otro día en el aniversario de la Ultreya de Virgen del Camino, un dirigente resonaba,  a propósito del lema para este año, que la Comunidad de Cursillos está muy viva, que el Señor nos suscita su Palabra para recordarnos quiénes somos, de dónde venimos y cuál es nuestra tarea.

Las fechas, que tanto nos ayudan en nuestro caminar, nos recordaban este año los setenta años de la peregrinación a Santiago de Compostela, espoleta de Cursillos; y el que viene, los del primer Cursillo de Cristiandad en San Honorato. ¡Ultreia! ¡Suseia!

También este año nos unimos como Iglesia de Madrid al veinticinco aniversario de la consagración de la Catedral de la Almudena, y nos regala un año jubilar mariano para peregrinar juntos como Comunidad para ganar el jubileo.

Pero esta memoria sólo nos puede servir para lo esencial, para recordarnos que lo nuestro es anunciar a Cristo y su reino, haciendo lo que estamos llamados como cursillistas: precursillo, cursillo y poscursillo. Que todo nuestro trabajo, nuestras reuniones, nuestros esfuerzos familiares sean para esto.

Tenemos además en marcha muchos proyectos que una vida comunitaria fuerte, asistida por el Espíritu, impulsa. En estos y en las estructuras del Movimiento hay muchas personas y familias comprometidas (como el cerdo, no implicadas como la gallina), ilusionadas y dispuestas, por las que os pido vuestra oración incesante. Que todas estas actividades no nos desvíen de nuestra finalidad de evangelizar, ni de nuestra primera vocación, la santidad.

Y por último, os pido que recéis y cuidéis a nuestros sacerdotes, testimonio vivo de entrega y amor a Cristo y a Cursillos. Y que los cuidéis y queráis como lo que son, sacerdotes.

¡Ultreia! ¡Suseia!

De Colores

2018-11-26T19:47:43+00:00

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