MISIÓN PERÚ

Luis Casarrubios Sánchez

 

“En el mundo tendréis luchas, pero tened valor: yo he vencido al mundo”

 

¿Qué tal el verano? Corto, ¿verdad?  A mí también se me ha hecho cortísimo, pero si os digo la verdad, ha sido el MEJOR VERANO DE MI VIDA. Sin duda alguna, la Misión de Perú este año ha sido una pasada, un volver al amor primero y darme cuenta de que Dios me ama siempre, todos los días de mi vida. Igualmente, me he vuelto a enamorar todavía más de nuestra madre la Iglesia. Es una suerte que, vaya donde vaya, es la misma, compuesta por la gente humilde y gente a la que Dios con todo su amor hace capaces de todo.

Este año, la Misión en Perú la hemos realizado en dos pueblecitos de la selva peruana, Consuelo y San Pablo. Dos pueblos muy humildes, pero con un corazón más grande que muchos países, y con una Fe que hacía que fuéramos nosotros los misionados. De las tres semanas de Misión que estuvimos, las dos primeras las pasamos en Consuelo y la tercera, en San Pablo. Culminando ambas dos con bautizos de niños, que sin duda hacía desbordar la Gracia de Dios en toda la selva.

¡¡La Misión de este año era la segunda que hacía, este año he repetido!! Como cuando comes un plato que te gusta, normalmente yo repito. Pero al contrario que me pasa normalmente, que el segundo plato ya no me gusta tanto, la Misión este año me ha gustado infinitamente más. Creo que así son las cosas de Dios, cuanto más te acercas a Él, más te gusta lo que haces.

Recuerdo que un sacerdote, justo antes de irme el año pasado, me dijo que la Misión me cambiaría la vida. Y vamos que si lo ha hecho, y este año me va a volver a transformar totalmente. Porque Dios no nos ha llamado al grupo de misioneros para pasar el rato, sino para hacer que pase algo y porque quiere decirnos sobre todo algo, y es que nos AMA CON LOCURA. Y no sólo nos lo ha dicho en la Eucaristía, sino a través de nuestros hermanos peruanos allá. Cada vez que nos abrían su puerta, nos ofrecían una silla y conversación, nos permitían ver que a través de la humildad Dios se hace presente. Dios decidió nacer en un pesebre, y nos invita a ser humildes como Él. Esta gente ya, tengo seguro, cumple con una de las bienaventuranzas, en cuanto a que tienen la sencillez y limpieza de corazón con la que ven a Dios.

No quiero acabar sin olvidarme de dar gracias a Dios por la gran Comunidad de Cursillos de la que formo parte, y sin la cual la Misión no habría sido posible, sin sus rosarios, sin sus ofrecimientos y sacrificios por nosotros, cada uno en su vida. Sin vosotros no habría sido posible. Pero eso, sí, la Misión es un Cursillo de un mes, y al igual que una vez acabado el Cursillo no se deja de rezar por los frutos del mismo, os pido que no dejéis de tener en vuestras oraciones a todos los nuevos hijos de Dios, así como a todos a los que misionamos, con mención especial de una intención por el Padre Fran y la gran labor que hace allí.

 

¡DE COLORES!

2018-11-27T21:04:57+00:00

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