“EL SEÑOR HA ESTADO GRANDE CON NOSOTROS Y ESTAMOS ALEGRES”

 

José García, sacerdote

 

El pasado mes de febrero tuve el privilegio de participar en el último Cursillo de Cristiandad que se ha celebrado en París. Ha sido una experiencia extraordinaria, difícil de describir con palabras humanas. Por eso he elegido este versículo del Salmo 125 que da título al artículo y que expresa mis sentimientos y los de todos los que hemos vivido el Cursillo 16 en francés de París.

Tengo que reconocer que durante las semanas previas tuve miedo. Dos años sin apenas practicar el francés, la responsabilidad de los dos sacerdotes franceses que vivían por primera vez el cursillo… Y además, complicaciones en la parroquia que me hacían difícil faltar cuatro días. En definitiva, me sentía como Pedro cuando el Señor le dijo que caminara sobre el agua y él, al dudar, comenzó a hundirse. Casi le reprochaba al Señor que me metiera en estos líos y le pedía cuanto antes un relevo para París.

Pero, como siempre, el Señor sobrepasa nuestras expectativas. El primer día del Cursillo, concretamente durante el rollo de Jesucristo, el Señor habló a mi corazón. Me decía: “Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado? Tú creías que yo te traía al Cursillo para dar testimonio de mí, para que estos dos sacerdotes se convencieran de que el Movimiento de Cursillos puede ser un gran instrumento de evangelización en Francia, para que fueras instrumento de mi amor y mi misericordia para los cursillistas… Pero antes que todo esto, yo te quería aquí para decirte que te quiero, para que renováramos nuestra alianza de amor, para mostrarte en el testimonio de los miembros del equipo el fruto de tu trabajo en estos últimos años, para convencerte de que realmente vale la pena entregar la vida por mí”. Ha pasado ya más de un mes, pero me sigo estremeciendo al recordarlo y sigo alimentándome de esa experiencia de Tabor.  Estoy convencido de que en todo esto ha tenido mucho que ver la oración y el sacrificio de todos vosotros, la Comunidad de Cursillos, en Madrid, en Alcalá y en París; y especialmente de mis ultreyas de López de Hoyos y de Alcalá, con quienes había compartido mis dudas e inquietudes. Me he sentido sostenido por vuestra oración y por las abundantísimas cartas que han llegado al Cursillo.

Ha sido un privilegio ver un equipo de dirigentes “escandalosamente jóvenes”, con un testimonio y una capacidad de sacrificio admirable. No podía dejar de pensar en cómo han ido creciendo, teniendo en cuenta que he podido estar presente en el primer Cursillo de casi todos ellos, y por eso los podía contemplar como un padre que ve que sus hijos crecen en fe, en amor y en responsabilidad.

Ha sido también un privilegio compartir el Cursillo con dos sacerdotes franceses, acompañándolos en sus asombros. El padre Messian debió dejarnos el último día por sus obligaciones pastorales, pero se fue con muchas ganas de que podamos llevar el Movimiento de Cursillos a su diócesis de Orleans. El padre Xavier, que nos presidió la Misa del último día del cursillo, vivió emocionado hasta el final cada instante del cursillo y nos dio un testimonio precioso en la homilía.

Y, además, los milagros que ya son habituales en cada uno de los Cursillos. El Señor que pasa tocando los corazones de todos. Algunos ya tenían experiencia de fe y salieron fortalecidos y decididos a ser fermento de Cristo en medio del mundo. Otros, hasta ahora alejados o heridos por el pecado o experiencias de cruz, han podido volver, como hijos pródigos, a la casa del Padre. De nuevo en este campo he podido ver clara la importancia de la intercesión de toda la comunidad que, cuando hace falta, sabéis ser generosos en vuestra entrega.

Queda mucho por hacer. Hay que seguir acompañando en el poscursillo, impulsando la vida de oración de los nuevos cursillistas, ayudándoles a integrarse en reuniones de grupo y en la ultreya, impulsándoles a ser testigos de la alegría del Evangelio… Pero no cabe duda de que el Cursillo 16 en francés marcará un hito importante en el crecimiento de la Comunidad francófona de Cursillos de Cristiandad en París. Y desde ahí, en el desarrollo del Reino de Dios en la vida de mi querida Francia.

Gracias a Dios y (yo me lo permito) gracias a toda la Comunidad de Cursillos. Sin vuestra fe y vuestro amor, de los que brota vuestra oración y vuestro sacrificio, nada de esto habría sido posible.

Que todo sea para mayor gloria a Dios. De colores.