Escuela de iniciación. Junto a los nuevos brotes de dirigentes y a los troncos ancestrales con la espalda plateada

Soy Panchi, 33 años, cursillista desde hace casi tres. Camino en la ultreya de Nuestra Señora del Aire.

Este verano he tenido la inmensa fortuna de encadenar una serie de acontecimientos estupendos donde he podido encontrarme con el Señor de una forma muy certera.

Programé el mes de vacaciones para estar una semana en Almería, en la Escuela de verano que el movimiento preparó para los jóvenes, y casi acto seguido me fui dos semanas y media de peregrinación por Tierra Santa.
Del primer viaje destacaría que aprendí a rezar mejor, y del segundo, que le dió un nuevo significado al Evangelio, más vivo, más tangible y especifico. Además tuvimos la fortuna de interactuar con las realidades de las comunidades cristianas del patriarcado, con caras, nombres, apellidos y sonrisas. Muchas sonrisas. Nos dieron testimonio principalmente sobre confiar en el Señor y sobre el perdón.
Están muy necesitados de nuestra oración, y así nos pidieron que os lo transmitiéramos.
Un mes después de volver he podido participar en la Escuela de Iniciación que se ha celebrado el pasado fin de semana. Durante estos días he podido estrechar, desde la oración, mi relación con el Señor, que me sigue llamando por mi nombre. Y me invita a salir de mí mismo, de mi comodidad, para entregarme a los demás, y no sólo tratar de alcanzar la santidad, sino también la de los demás. Se me ha dado mucho estos meses… soy consciente que tengo mucho que devolver. ¿Como? Evangelizando! Ay de mí si no lo hiciera! No puedo ni debo callar todo lo que he visto y vivido!!
Y en ese proceso de evangelización me encuentro. En eso y en trabajar el tener un corazón más agradecido.
Justo esta semana vuelvo a la universidad donde estudié hace siete años, para cursar un master que me permita dedicarme a la docencia.
En el mismo edificio donde pasé un lustro de estudios y sueños, hay una capilla a la que jamás había entrado, ya que por aquel entonces vivía alejado del Señor. Él estaba muy cerquita. Siempre lo ha estado.
En esa capilla me encuentro ahora mismo escribiendo estas líneas. Dando gracias a Dios y mirando la imagen de San Pablo, que ya intercedía por mí en aquellos años estudiantiles sin que yo lo supiera. Poco sospechaba entonces que me encontraría con Jesús en un movimiento que también le tiene como patrón, como esta universidad.
Hoy he tenido la primera clase. Nuevos compañeros, un nuevo ambiente. He mirado sus caras, he tratado de empezar a memorizar sus nombres… y como decía el rector de mi Cursillo 303, he pensado «qué suerte tienen de estar en la misma clase que yo», porque aún no lo saben, pero les voy a hablar de Dios.
Pero hoy me he limitado a venir aquí, al Sagrario, al acabar las clases, y empezar a hablarle a El de ellos… el fermento está en marcha, el curso acaba de empezar…
De Colores!
Panchi Díaz-Regañón