Siempre que nos reunimos toda la comunidad se me regala reconocer lo grande que es la Iglesia.


La convivencia de inicio de curso de ayer me permitió volver a vivir eso, que somos Iglesia, parte de ella.

A pesar de que es una convivencia «sui generis» porque no hay tiempo programado para convivir y sí demasiado de estar sentados escuchando a mí ayer me nacían dos sentimientos:

– Cuanto más nos vemos, nos abrazamos, nos saludamos, nos preguntamos por la vida… más nos queremos. Por eso son necesarios estos momentos.

– Empezar el curso todos juntos es empezarlo todos a una, como movimiento, como comunidad. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, una misión para todos.

Doy muchas gracias al Señor por plantar a mi familia en medio de esta preciosa comunidad que es Cursillos.

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