70 ANIVERSARIO DE LA PEREGRINACIÓN A SANTIAGO

Monseñor Antonio María Rouco Varela,
arzobispo emérito de Madrid


“No olvidéis la herencia espiritual de los iniciadores de Cursillos”

En agosto de 1948, Santiago de Compostela acogió a cerca de 80.000 jóvenes que acudieron en peregrinación a la tumba del Apóstol para celebrar el Año Santo Jacobeo. De ellos, 700 eran mallorquines, capitaneados por el sacerdote Sebastián Gayá y el seglar Eduardo Bonnín; la preparación espiritual de estos jóvenes de Mallorca para vivir la peregrinación durante los años previos al 48 fue el germen de los Cursillos de Cristiandad.

El cardenal don Antonio María Rouco Varela, arzobispo emérito de Madrid y gran amigo de Cursillos, vivió esa peregrinación de niño: tenía 12 años y estaba en segundo del seminario. En este número de PROA cuenta su experiencia de aquellos días, da las claves de cómo ser cursillista en el mundo de hoy y anima a los jóvenes que peregrinarán este verano a Santiago a ser auténticos apóstoles.

Señor cardenal, cuéntenos cómo vivió aquella gran peregrinación del año 48.

Era Año Santo en Santiago de Compostela y por este motivo se había convocado una gran peregrinación de los jóvenes de Acción Católica de España y de Hispanoamérica, en la tercera semana de agosto. Se celebró con muchísima solemnidad y con muchísima participación de toda la Iglesia de España. Donde yo nací y donde yo vivía, en Villalba (Lugo), la Acción Católica estaba muy organizada: hombres, mujeres, jóvenes, aspirantes, benjamines… Yo pasé de monaguillo a benjamín, y luego a aspirante, y de ahí al seminario, en Mondoñedo, con 10 años. En el verano del 48 yo era un niño de 12 años, estaba en segundo del Seminario y a los seminaristas nos adelantaron las vacaciones para poder ir a la peregrinación, y de mi pueblo fuimos los jóvenes de Acción Católica, los aspirantes y los seminaristas… ¡de sotana!

No fue a pie pero estuvo muy llena de sacrificios, ¡muchos sacrificios! No había casi medios de transporte, fuimos en coches de la feria, que decíamos en Galicia, una especie de ómnibus muy destartalados, y en camionetas con bancos, al principio por la N-VI, que estaba bien, y a unos 40 km del pueblo entrábamos en una pista de piedra y polvo que era la que llevaba a Santiago. Pero el entusiasmo apostólico, diría yo, no por eso decreció; la palabra ‘apostólico’ era el adjetivo más apropiado para describir nuestro estado de ánimo. Estuvimos sábado y domingo y una noche de por medio, que no fue como en el año 89, cuando organizamos la JMJ; yo recuerdo que pasamos la noche en los coches de la feria, yo no dormí, y hubo jóvenes que se quedaron en los portales de las calles porticadas. Fue noche de oración, de adoración, de vigilia, un poco al estilo ignaciano. Y recuerdo con mucha emoción la Misa final; presidió la celebración un cardenal legado del Papa que vino de Roma. Recuerdo también cuando habló el Papa, que entonces no viajaba pero hablaba por la radio.

Manuel Aparici fue el gran líder de la peregrinación del 48, como presidente nacional de Acción Católica, y escribió para la ocasión una oración al apóstol Santiago de la juventud de España para volver a refrescar el alma católica de nuestro país.

De estos días, ¿con qué se volvió en el corazón?

La peregrinación fue toda una experiencia de Iglesia que te llenaba el corazón, te entusiasmaba para seguir siendo un buen seminarista, para afianzarte en la vocación sacerdotal, eran esos momentos en que salías inflamado del amor a Cristo… Apóstol es la palabra clave.

 

¿Cómo tuvo conocimiento de los Cursillos de Cristiandad?

Después se supo que de esa peregrinación a Santiago, y de la gran experiencia de la preparación, experiencia apostólica, desde el punto de vista pedagógico, teológico y espiritual, desde el punto de vista también de lo que nosotros llamábamos el apostolado del mundo de aquel tiempo –hoy, reto de la evangelización–, de ese mundo que venía con las heridas sangrantes o abiertas desde la guerra, con una Europa ya dividida por el trazado del telón de acero y en la que se estaba cuajando la situación de Guerra Fría, una Europa de los mártires, de martirio sangriento , de lo que el Papa Pío XII llamaba la “Iglesia del silencio”; pues en este ambiente surgen los Cursillos de Cristiandad. Sebastián Gayá y Eduardo Bonnín estuvieron en la peregrinación a Santiago, que fue un hito importante en el alimento del espíritu del que nace Cursillos, del espíritu apostólico, de apóstoles seglares, ¿eh?, del que nace Cursillos, y después de la metodología espiritual, catequética, eclesial y apostólica de Cursillos.

El Movimiento se extiende muy pronto por toda España. También en mi pueblo de Villalba nacieron un par de ultreyas en los años 50; yo asistí, siendo ya seminarista mayor, a alguna en verano, cuando estábamos de vacaciones. Los seminaristas íbamos para conocerlo, yo sería un chaval de 15-17 años, e iba más bien como observador porque a las dos semanas me tenía que volver al seminario, pero era un seminarista interesado en que los Cursillos animasen la vida apostólica y espiritual de los jóvenes. Eran años de mucho fervor y de mucha inquietud apostólica, de apertura a nuevos movimientos y nuevas realidades de la Iglesia, a la renovación litúrgica, al movimiento ecuménico, al compromiso del seglar en la Iglesia y con la Iglesia respecto a la santificación del mundo… Teníamos mucha curiosidad apostólica.

¿Qué supusieron los Cursillos en su inicio?

Se vio desde el principio que los Cursillos fueron un revulsivo, una especie de camino y de vía para la renovación profunda de la Acción Católica. Esa relación Cursillos-Acción Católica no llegó a institucionalizarse, cada uno siguió su camino; en el caso de Cursillos encontró unas fórmulas institucionales reconocidas por lo que hoy es la Conferencia Episcopal Española (CEE).

El comienzo del pontificado de Juan Pablo II supuso el relanzamiento apostólico de la Iglesia, y es cuando empezamos a analizar el papel que juega y debe jugar Cursillos. Fue un período de vivencia plena y fiel de la teología del Concilio, que influye mucho a la hora de concebir, comprender y vivir la teología de lo que podíamos llamar la base teológica del Movimiento de Cursillos de Cristiandad.

¿Qué puede hacer un cursillista hoy en día para servir a Cristo y a la Iglesia través del MCC estando en medio del mundo?

Primero, no olvidar las bases doctrinales que incluyen los contenidos espirituales del Cursillo, lo que podríamos llamar la herencia de los iniciadores. Después habría que leer de nuevo, y a fondo, el decreto “Apostolicam Actuositatem” del Concilio Vaticano II sobre del apostolado, sobre los seglares en la Iglesia. Creo que es importantísimo que Cursillos, ahora en este momento, lo lea. Son 50 años que han pasado desde el Concilio, pero la doctrina conciliar sigue estando vigente, viva. Y si se lee bien la “Apostolicam Actuositatem”, se remitirá al capítulo que se dedica al seglar en la Iglesia  en la constitución dogmática “Lumen Gentium”, que es el documento más principal del Concilio, y pienso yo también  que a la constitución pastoral “Gaudium et Spes” sobre la Iglesia  en el mundo de nuestro tiempo, que también viene bien leerlo, incluso la primera parte que es descriptiva de la situación del mundo de los años 60, que en el fondo no se diferencia mucho de la actual. Los problemas fundamentales son los mismos porque el gran problema al que se enfrente la evangelización es esa cultura que idolatra al hombre, o del hombre que se autoidolatra hasta el punto en el que puede manejarse a sí mismo e ignorar su naturaleza, su ser y su destino. Y por supuesto, que se mueve en un ambiente de fondo, en las ideas, en las grandes propuestas de vida social, de articulación política, de relaciones internacionales,  sobre la base de la ignorancia completa de Dios o de la negación expresa de Dios. Es el ateísmo teórico o práctico. Yo recuerdo mucho la intervención de Juan Pablo II en la catedral de Santiago, al final de su viaje apostólico a España de 1982, el 9 de noviembre, cuando pronunció el famoso discurso de “Europa, Europa, sé tú misma”, en el que hizo un diagnóstico sobre la base de la fuerza que tenía un ateísmo que en la Europa oriental era oficial, estaba impuesto por el Estado, y en la Europa occidental empezaba a vivirse como  forma práctica de asumir la existencia, comprenderla y realizarla; y por lo tanto la relación con el otro, olvidando así al hombre, a la antropología, no sólo la teológica sino también la filosófica.

Cursillos puede avanzar con firmeza por el camino de su propia tradición, que es una tradición muy de la Europa contemporánea, con una base muy sólida doctrinal, espiritual y  apostólicamente hablando, con unas posibilidades de ofrecer a la Iglesia del siglo XXI y del comienzo del tercer milenio del que le gustaba hablar tanto a san Juan Pablo II, un camino de compromiso apostólico del seglar en el mundo para santificarse el cursillista y para santificar al mundo, para ayudar a la Iglesia en un camino de vibración apostólica permanente en su tarea de evangelización del mundo.

¿Cómo podemos anunciar hoy a Cristo a los jóvenes, a las familias?

Primero, siendo fieles al marco de formación y de acción que conocéis ya y que estáis viviendo. No darlo por caducado ni mucho menos, sino vivirlo a fondo. ¿Cuál es la mejor receta para estar sano? Vivir el régimen de vida sano que vives pero con toda verdad, con toda intensidad y con toda fuerza. Y después, vivir la vocación apostólica como estrictamente kerigmática, como llamada a la conversión, darle la vuelta a la vida desde lo más íntimo de la conciencia personal, de una vida que ha sido bautizada, y hacer llegar la irradiación de lo que hay en esa vida de fondo, que es el amor de Cristo, el amor del corazón de Cristo y de algún modo también el del corazón de María, a todos los que lo necesitan. Yo pondría especial empeño en que esas necesidades se descubran bien y se diagnostiquen bien, las necesidades que tienen que ver con el matrimonio, con la familia, derivadas de la crisis matrimonial y familiar sobre todo en los niños, en los jóvenes, a veces solos por no decir desolados. La parte espiritual del hombre se tapa, pero duele. Y este es el terreno del cursillista hoy y de los Cursillos de Cristiandad.

Y en el estilo, sin tener miedo a manifestarse públicamente; las obras son importantes, un cursillista no puede ser un tipo al que nadie aguante en su trabajo, que no ayude a nadie, pero con esto solo no basta para anunciar el Evangelio. Hay que anunciar el Evangelio expresamente, hay que anunciar a Cristo, hay que darlo a conocer. Hay que hablar y no retirarse. La mayor obra de caridad que se puede hacer es ayudar a tu hermano a encontrar la verdad.

Usted que conoció y tuvo contacto frecuente con Sebastián Gayá, ¿cómo le definiría?

Yo destacaría en él su sencilla humildad y su actitud pastoral o apostólicamente sacerdotal de dejar que el primer puesto, que la visibilidad del guía de los Cursillos, fuese para otros, siendo él en el fondo uno de los padres inspiradores a través de los cuales se sirvió el Señor para suscitar el Movimiento de Cursillos en la Iglesia. A mí me llamó siempre la atención esa sencilla humildad, esa humilde sencillez, de quedarse en un segundo plano, un tercer plano. Aquí en Madrid los cursillistas desde el principio ‘me metieron en el lío’, recuerdo unos encuentros en unos locales que había cerca de la Puerta del Sol [antigua sede del Secretariado Nacional], llenos de gente, y la primera vez que fui estaba don Sebastián, y no se cabía, y nuestro profesor de Filosofía de San Dámaso, Jordi Girau… Viví cómo sacerdotes jóvenes empezaron a involucrarse, un grupo entre los que estaba Pedro Pérez, el consiliario diocesano actual, y algunos otros como Roberto Rey…; nos vimos muchas veces, y yo les animé, siempre, ¿eh?, siempre.

¿Qué les diría a los jóvenes de Cursillos que van a peregrinar este verano a Santiago?

Que recen y pidan el entusiasmo y el compromiso apostólico que movió a Santiago a ser el gran evangelizador de España. Y que sean apóstoles de Jesucristo entre sus compañeros, unidos muy estrechamente a la Iglesia, a sus pastores, al Papa, a los obispos, aplicando ese entusiasmo a los jóvenes que tienen a su alrededor, valientemente, y encomendándose a la Virgen de la Almudena, la Virgen del segundo nacimiento cristiano de Madrid y de sus gentes.

 

Radiomensaje del Papa Pío XII

Aquel sábado 28 de agosto de 1948 fue la primera vez en el mundo que se oyó al Papa Pío XII en directo a través de la radio. A los jóvenes congregados en la ciudad compostelana les recordaba: “Espíritu de fe y de sacrificio, vida de piedad y de continuo progreso en vanguardia, adhesión, respeto y amor a la Iglesia, corazón ancho como el mundo: eso sois en estos momentos, jóvenes peregrinos de Compostela, y eso habéis de ser mañana y siempre, jóvenes católicos de todo el mundo. ¡Adelante, pues, juventud brillante, creyente y peregrina! ¡Adelante con vuestra venera y vuestro bordón, que hay mucho que peregrinar hasta dar todo el corazón a Dios y todas las almas a Jesucristo, hasta el cielo, que es nuestra meta!”.

 

2018-07-18T10:00:55+00:00

Leave A Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

X