70 ANIVERSARIO DE LA PEREGRINACIÓN A SANTIAGO

LA ESPIRITUALIDAD DE CURSILLOS (I)

       En el XVI Encuentro del Grupo Latinoamericano de Cursillos de Cristiandad (Talca, Chile, 12-15 de octubre de 2017) nuestro Consiliario Nacional impartió una memorable conferencia titulada El Movimiento de Cursillos de Cristiandad: Una espiritualidad cristocéntrica y paulina. Con su expresa autorización, PROA ofrece una serie de resúmenes de su contenido.

 

LO FUNDAMENTAL CRISTIANO Y LA ESPIRITUALIDAD LITÚRGICA

 

El ponente se presentó a sí mismo: Mi nombre es José Ángel Saiz Meneses, obispo de Terrassa, España. A la edad de 17 años hice mi Cursillo de Cristiandad en Barcelona y desde entonces he formado parte del Movimiento como militante, dirigente y consiliario. Recientemente he sido nombrado Consiliario Nacional del MCC de España.

Seguidamente, el autor del estudio histórico y teológico Los Cursillos de Cristiandad. Génesis y teología[1], recordó nuestros Orígenes: El Movimiento de Cursillos de Cristiandad […] surgió en Mallorca en la década de los años 40 del siglo pasado a partir de la preparación de una peregrinación de los Jóvenes de Acción Católica a Santiago de Compostela. Dicha peregrinación tuvo lugar en agosto de 1948 y el año próximo se cumplirán 70 años.

Y, citando el Estatuto del Organismo Mundial, evocó al Grupo de los Iniciadores de Cursillos y que: “de este grupo de iniciadores tuvieron parte muy importante sobre todo laicos guiados por Eduardo Bonnín Aguiló, además de varios pastores, entre los que se encontraban el entonces Obispo de Mallorca, Mons. Juan Hervás Benet, y el sacerdote Mons. Sebastián Gayá Riera”.[2]

Para introducir la Espiritualidad de Cursillos, empezó por esbozar la Espiritualidad cristiana en general: Es una visión global de la realidad, de todo lo que existe: Dios, el ser humano, el mundo y la historia; como un sistema formado por múltiples elementos articulados según una cierta coherencia, que se traduce en una manera de vivir. Esta visión y esta forma de vivir provienen de Dios y se fundamentan en la manifestación de Dios, que llega a plenitud en Jesucristo y en la efusión del Espíritu Santo. La espiritualidad cristiana es, en definitiva, una vida en el Espíritu.

Y prosigue: La espiritualidad cristiana estudia también la acción del Espíritu Santo que mueve a los hombres para configurarlos a Cristo, como hijos del Padre. La espiritualidad cristiana es una, como una es la llamada a la santidad o los medios fundamentales para crecer en ella: sacramentos, liturgia, oración, ejercicio de las virtudes, etc. Puede haber diversidad de espiritualidades según la diferente condición de las personas y la vocación que reciben, por eso se puede distinguir una espiritualidad común y unas espiritualidades determinadas: de época, de estados de vida, según las dedicaciones fundamentales, o según características de escuela. Que haya diversas espiritualidades es lógico y conveniente, pero se debe saber priorizar en cuanto a los diferentes elementos que las componen distinguiendo lo esencial de lo accidental.

Y trazó el carisma de Cursillos como lo describen las vigentes Ideas Fundamentales: “Es un don que el Espíritu Santo derrama en su Iglesia, que conforma una mentalidad e impulsa un movimiento eclesial, que, mediante un método kerigmático propio, posibilita la vivencia y la convivencia de lo fundamental cristiano, ayuda a descubrir y a realizar la propia vocación personal, y promueve grupos de cristianos que fermenten de evangelio los ambientes, a través de la amistad”.[3]

Tras recordar algunas formulaciones anteriores, abordó Lo fundamental cristiano, elemento esencial de nuestro carisma:[4]

  • Jesucristo, lo esencial, expresión del amor personal de Dios. En Cristo el hombre tiene el encuentro con Dios Padre en el Espíritu. La vida cristiana es la vida nueva que resulta del encuentro con Cristo.
  • La Gracia, don de Dios en Cristo que se ofrece a cada persona en plenitud para vivir en comunión con Él. En ella se realiza toda conversión, todo encuentro con Dios, toda comunidad. Es eje sistematizador de la vida cristiana.
  • La fe, respuesta personal del hombre a Dios revelado en Cristo, respuesta de amor que entusiasma y mueve al seguimiento. Es el “sí” existencial del hombre a Dios e implica conocimiento, confianza, acogida al plan de Dios para cada uno. Se traduce en camino de seguimiento y comunidad.
  • La Iglesia, lugar en que se encuentra a Cristo, y en Cristo al Padre, espacio en que ser cristiano. El encuentro con Cristo, la gracia, la fe… todo se vive en la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo y sacramento universal de salvación en que Cristo manifiesta y realiza el amor de Dios a la humanidad.

Lo fundamental cristiano hunde sus raíces en el misterio cristiano y procede del misterio escondido de Dios; pero Dios ha salido al encuentro del ser humano y se ha manifestado en Cristo. La verdad acerca de Dios y de la salvación se manifiesta por la revelación en Cristo, mediador y plenitud de toda la revelación.

La espiritualidad de Cursillos, la de nuestro carisma caracterizado por lo fundamental cristiano, es la espiritualidad litúrgica de la Iglesia Católica, tal como ésta se expresó en el Concilio Vaticano II: “Cristo está siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica.”[5]

Y lo refrenda Saiz Meneses con varias citas de Juan Hervás, Obispo Iniciador de Cursillos, de su libro de 1963 Interrogantes y problemas de los Cursillos de Cristiandad, quien aborda la cuestión “para afianzamiento de la perseverancia de los cursillistas y continuación progresiva de su formación; para su incorporación fácil y espontánea a la comunidad eclesial y para una utilización adecuada de su acción colaboradora del apostolado jerárquico, en el cuadro de un plan pastoral.[6]

Continuaba Hervás: “La finalidad suprema del Concilio [es] renovar la sustancia del pensar y del vivir humano y cristiano, y los Cursillos de Cristiandad son la vivencia de lo fundamental cristiano; se comprenderá que la espiritualidad de los Cursillos coincide con la de la sagrada Liturgia, en la que encontrarán los cursillistas el mejor alimento y estímulo para sus ansias de profunda y auténtica vida cristiana y su irradiación apostólica, como miembros vivos, conscientes, activos y eficaces del Cuerpo Místico de Cristo.[7]

Y, al final del capítulo IV de su libro, enlazándolo otra vez con lo fundamental cristiano[8], Hervás saca la conclusión definitiva: “La espiritualidad de Cursillos se conforma con la del movimiento litúrgico; y el mejor medio que un pastor de almas y unos buenos líderes o militantes salidos de los Cursillos pueden tener a su alcance para mantener su estado de gracia consciente y creciente, para una irradiación apostólica eficaz y para una propagación maravillosa del Evangelio, será conocer a fondo las inagotables riquezas de la sagrada Liturgia y vivirla íntegra e intensamente”.[9]

El Obispo Consiliario Nacional explica en qué consiste hoy este conocer y vivir las inagotables riquezas de la Liturgia: El cursillista, cristiano del siglo XXI, ha de ser un hombre de profunda e intensa espiritualidad y de clara identidad. En la Liturgia encontrará su mejor escuela de discernimiento.[10] Dentro de la legítima variedad de espiritualidades, nuestro espíritu crece en la medida que se encuentra con Cristo por medio de su gracia santificante y que actúa por medio de un empeño absolutamente personal para mantenerse en el Don del encuentro con su Señor. Como prometió Jesucristo: «Si perseveráis hasta el final, salvaréis vuestras almas» (Lc 21,5).

Y concluye: «El Misterio pascual se experimenta viviéndolo; y la espiritualidad [del cursillista], celebrando los sacramentos, confesando la fe de la Iglesia, amando a la bienaventurada Virgen María, cultivando la vida de oración, empeñándose en el trabajo, coordinando la acción caritativa y social de la Iglesia, y el apostolado». Liturgia, espiritualidad y apostolado se encuentran en la vida de todo cristiano de manera integrada, gracias a la caridad de Cristo, que nos urge a la misión y a la más sumida contemplación. Y esta síntesis procede de la misma liturgia de la santa Madre Iglesia.[11]

 

EL APÓSTOL DE LOS GENTILES 

Para trazar la espiritualidad cursillista, el Consiliario Nacional nos presenta la figura de san Pablo, patrono de Cursillos[12], en tres aspectos básicos.

El encuentro con Cristo (1Cor 9,2)

Pablo, nacido en Tarso (Turquía) entre el mundo judío y el helenístico,[13] se formó con el rabino Gamaliel en Jerusalén, y absorbió el espíritu ferviente y celoso de su religión, que le llevó a la persecución de la Iglesia apostólica, la cual predicaba y testimoniaba el mensaje de Cristo. Hasta que llegó el hecho de su decisivo encuentro con el Señor: a través de una luz del cielo, la caída a tierra, la voz que llama, la ceguera, la curación y el ayuno.[14] Cristo resucitado transformó su pensamiento y su vida (Cf. Hch 9,1 y ss; 22,3 y ss).

El Apóstol es discreto pero intenso al hablar de su vocación: el centro es Cristo, y el protagonismo lo tiene la misericordia de Dios. «Por último, como a un aborto, se me apareció también a mí. Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de ser llamado apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo» (1Cor 15,8-10). El amor de Dios manifestado en el Señor Jesucristo es el motor de su vida, de su alma y de su acción hasta la muerte.[15]

A partir de esta vocación se sintió profundamente llamado a fermentar su mundo por medio de la evangelización: «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio» (1Cor 9,16-17).[16] 

La vida en Cristo (Flp 1, 21)

Justificados por su gracia. Cristo se convirtió en su razón de ser, el sentido profundo de su existencia y trabajo apostólico[17]. Esto cristalizó en una determinación concreta: la búsqueda del camino que lleva a la plenitud y a la felicidad. Se le planteó el dilema de encontrarlo en el cumplimiento externo de la Ley antigua o en la fuerza misericordiosa que el Padre regala por Jesucristo, que nos da una fe y una esperanza que superan toda esperanza (cf. Rom 4,18).

Su respuesta apuntó a la raíz de la auténtica justicia: una relación confiada en «la gracia de Dios por nuestro Señor Jesucristo» (Rom 7,25); renunciar a las antiguas convicciones para abandonarse en el amor de las Personas Divinas: el abrazo en Cristo crucificado que se entrega para nuestra redención. Quiso predicar y testificar con su vida y su palabra tal entrega y la humanidad nueva, centrada en el amor de Dios y la gracia de Cristo su Hijo.

La justicia es una vida nueva: morir al pecado para resucitar a un nuevo estilo de vida y sumergirse en el amor del Señor, abnegando los propios criterios para buscar la pura voluntad de Dios. Una nueva relación con Dios que se llama fe; una fe madura que Pablo experimentó al ser llamado por Cristo y entrar en comunión con Dios.

Centralidad de Cristo. Conquistado por Jesucristo, al final de sus días san Pablo se definía a sí mismo: «No es que ya lo haya conseguido o que ya sea perfecto: yo lo persigo, a ver si lo alcanzo como yo he sido alcanzado por Cristo. Hermanos, yo no pienso haber conseguido el premio. Solo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, hacia el premio, al cual me llama Dios desde arriba en Cristo Jesús» (Flp 3,12-14).

Su encuentro con Jesucristo fue una llamada del Padre a predicar el Evangelio a todos, que lo poseyó enteramente, poniendo ante sus ojos a Jesucristo crucificado (cf. Gál 3,1b). Algunas notas de esta centralidad de Cristo:

  • Pablo redescubrió la santidad de Dios: El Padre entrega a su Hijo para nuestra liberación (Rom 8,32).
  • La gracia del Señor orientó su compromiso personal: su inteligencia, voluntad y memoria, y su universo emocional; todo encontró en el amor de Dios su fuente de inspiración.
  • Quedó polarizado por su configuración con Cristo. Se identificó místicamente con el Hijo de Dios, siendo copartícipe de su vida y su misión. Imitó la predicación itinerante de Jesús de Nazaret y extendió el número de los creyentes.
  • La centralidad de la Cruz, signo visible del amor invisible de Dios.
  • La docilidad al Espíritu. El amor de Dios pasó a ser el centro de su vida interior y de su apostolado.
  • Y la constante referencia a la alegría de gozar del amor eterno de Dios.[18] En sus últimas cartas: a los Colosenses, califica a Cristo como «primogénito de toda la creación» (1,15-20); y en la de los Efesios encontramos su exposición del plan divino de la salvación: Dios quería recapitularlo todo en Cristo (1,3-23).

Cristo fue el centro de la vida y del ministerio del Apóstol. Veamos su relación con el Espíritu Santo.

El Espíritu en nuestros corazones y en la Iglesia. Una de sus convicciones fundamentales. Ya en su carta más antigua: «Cuando os anuncié nuestro evangelio, no fue sólo de palabra, sino también con la fuerza del Espíritu Santo y plena convicción» (1Tes 1,5). La presencia del Espíritu es decisiva en la vida de fe: Él es Persona divina que obra en los miembros de la Iglesia suscitando carismas; consuela, fortalece, consagra, unge. Habita en el alma de los fieles con poder divino: ilumina su capacidad de conocimiento, pues transmite la sabiduría íntima de Dios; actualiza los signos bíblicos aquí y ahora. Es el actor de nuestra libertad y nos hace elevar el corazón a Dios Padre por medio de la oración. Cristo resucitado comunica su condición de Hijo a todo el que confiesa su Nombre, y lo santifica.

La gracia de Cristo es don del Espíritu y repercute en beneficio de la Iglesia, Cuerpo de Cristo y Templo comunitario del Espíritu. El modo por excelencia con que el Espíritu construye la Iglesia es la predicación de la Palabra salvadora de Jesús, y también la participación en los sacramentos[19] y la coordinación de carismas y ministerios (Cf.1Cor 12,4-6).

La presencia del Espíritu nos viene por Cristo resucitado, cuya humanidad ha sido glorificada por Él. El Espíritu ha santificado los corazones humanos, comunicando la santidad y la gracia; y también los cuerpos, convirtiéndolos en templos vivos de su presencia por los sacramentos; ha erigido la Iglesia, con la reunión de los creyentes donde resuena la voz de Cristo y la urgencia de la caridad misionera. 

El apostolado (1Cor 9,16)

Características del Apóstol. ¿Con qué disposición ejerció Pablo su ministerio?: Fe adulta; esta virtud teologal marca el tenor de la vida de todo creyente y apóstol. Así lo confirmó a los tesalonicenses: «[…] os convertisteis a Dios, abandonando los ídolos, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo» (1Tes 1,9-10).

La confianza en la Providencia, que se traduce en una peculiar parrhesía, esa sencillez y franqueza con que el Apóstol gestionó su misión y su firme confianza en el amor de Dios. La Providencia le dio libertad de espíritu frente a la acepción de personas, que siempre fustigó: «Para mí lo de menos es que me pidáis cuentas vosotros o un tribunal humano; ni siquiera yo me pido cuentas. La conciencia, es verdad, no me remuerde; pero tampoco por eso quedo absuelto: mi juez es el Señor» (1Cor 4,3-4). Esta valentía le hizo superar sus propias limitaciones personales, poniéndose totalmente en manos de Dios. Así, en Rom 9,1: «Digo la verdad en Cristo, no miento, mi conciencia me atestigua que es así, en el Espíritu Santo».

Su humildad, virtud que sitúa a la persona ante la verdad,[20] con motivación netamente cristiana. Así, en 2Cor 10,1, ante la necesidad de justificar su misión: «Yo, Pablo, en persona, tan cobarde de cerca y tan valiente de lejos, os ruego por la humildad y mesura de Cristo […]».

En comunión con Pedro y los demás Apóstoles. En verdad y libertad. Su fidelidad se tradujo en un ministerio esencialmente eclesial, manifestando amor a la Iglesia, Cuerpo de Cristo. Trabajó desde la Iglesia y para la Iglesia.

Pablo procuró una predicación capaz de atraer a toda persona al amor de Dios en Cristo. Suscitó la presencia eclesial en las principales ciudades donde actuó, llegando a Roma. Su fruto fueron comunidades compuestas de bautizados, que desarrollaron una vida cristiana adulta con riqueza de carismas específicos, orientados al bien común y a la evangelización.

Su relación con san Pedro y los demás Apóstoles[21] estuvo marcada por un profundo respeto y por la franqueza de san Pablo, que derivaba de la defensa de la verdad del Evangelio. La sentida necesidad de consultar a los primeros discípulos del Maestro le llevó hasta Jerusalén; especialmente preguntó a Pedro sobre la existencia terrena de Jesús. En sus cartas transmite dos tradiciones vivas, heredadas de los apóstoles: las vicisitudes históricas del Señor y la Eucaristía.

Además, su espíritu de comunión, respeto y veneración hacia los Doce, no disminuyó cuando defendió con parrhesía la libertad del Evangelio.  En el “Concilio” de Jerusalén y en la controversia de Antioquía de Siria, relatados en la carta a los Gálatas (cf. Gal 2, 1-10; 2, 11-14), actúa desde la libertad de espíritu y el amor a la verdad. Lo de Jerusalén fue un momento de tensión para la Iglesia naciente. Pablo expone su evangelio de libertad [ante] la Ley. A la luz del encuentro con el Resucitado, había comprendido que, en el paso al Evangelio, a los paganos ya no les eran necesarias la circuncisión, las leyes sobre el alimento, y sobre el sábado, porque Cristo es nuestra justicia, y ‘justo’ es todo lo que está conforme a Él.[22]

Entrega incansable. El encuentro con Cristo orientó definitiva y plenamente la vida del Apóstol. La Gracia le enriqueció convirtiéndolo en padre, maestro y heraldo del Evangelio, y se tradujo en una incansable actividad misionera, a través de tres líneas de fuerza: la predicación del Dios único, vivo y verdadero, sentido fundamental de la vida; la redención de Cristo, camino definitivo de acceso a Dios y a la felicidad plena; y la instauración de Iglesias evangelizadoras, aglutinadas por el poder del Espíritu. Sus escritos y el testimonio de la segunda generación cristiana denotan no sólo la valía del Apóstol en lo exterior, sino también su propia psicología y espiritualidad, renovadas y orientadas hacia Cristo por un don de Dios. Así lo expresó en diversas ocasiones, y desde ahí irradió el mensaje evangélico del amor gratuito de Dios para todo el que tiene fe en Cristo.

En conclusión, la vida y la misión del apóstol san Pablo —su fe adulta, su valentía, su humildad, su fidelidad y libertad apostólicas—, se pueden sintetizar con una expresión suya: «Yo he sido alcanzado, obtenido, hecho propiedad de Cristo» (Flp 3,12). Pablo fue conquistado por Cristo.[23]


 

[1]  Fundación Sebastián Gayá-Edicep, Madrid, 2006. Nótese que, a diferencia de otros libros sobre Cursillos, éste es un estudio científico acerca de los orígenes del Movimiento y de su contenido teológico, basado en los documentos contemporáneos a los hechos iniciales (especialmente en la Revista PROA de Mallorca) y no en memorias u opiniones subjetivas [Nota de PROA].

[2]    Número 3 del Estatuto, presentado a la Santa Sede el 30 de mayo de 2004, y oficialmente promulgado el 11 de junio del mismo año [Nota de PROA].

[3] IFMCC, 3ª redacción, n. 40.

[4] IFMCC, 3ª redacción, n. 98; cf. IFMCC, 2ª redacción, nn. 118-119 y nt. 22.

[5] Concilio ecuménico Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, 7, 1; BEATO PABLO VI, MysteriumFidei, 3 de septiembre de 1965.

[6] J. Hervás, Interrogantes y problemas de los Cursillos de Cristiandad, Madrid 1963, p. 51.

[7] J. Hervás, o.c., pp.57-58 [cita abreviada].

[8] Ibidem, p 63.

[9] Ibidem, p. 70 [cita abreviada].

[10] «Lo propio de la espiritualidad litúrgica es que la síntesis práctica de todos esos elementos no viene tomada de un santo, de un cierto sistema teológico, o de una determinada escuela espiritual, sino que procede de la misma liturgia universal de la santa Iglesia Católica» (J. Rivera – J. M. Iraburu, Síntesis de espiritualidad católica, Pamplona 62006, 44). (Cf. C. Vagaggini, El sentido teológico de la liturgia. Ensayo de Liturgia teológica general, Madrid: BAC [181] 1965, 620-621) [Nota abreviada].

[11] Cfr. N. Neunheuser, «Espiritualidad litúrgica», Nuevo Diccionario de Liturgia, 700 [Nota abreviada].

[12] En su conferencia el Obispo recuerda que el Apóstol de los gentiles fue declarado patrono de Cursillos por el beato Papa Pablo VI el 14 de diciembre de 1963, durante el Concilio Vaticano II [Nota de PROA].

[13] Cf. J. Gnilka, Pablo. Apóstol y testigo (Biblioteca Herder), Barcelona: Herder 1998, 25 [Nota abreviada].

[14] A esta lista puede añadirse la incorporación a la comunidad por la acogida del kerigma de Ananías, el bautismo y el “comer y beber” (la Eucaristía) [Nota de PROA].

[15] Cf. Benedicto XVI, Audiencia del 3 de septiembre de 2008 [Nota abreviada].

[16] Cf. Benedicto XVI, Audiencia del 3 de septiembre de 2008.

[17] Cf. BENEDICTO XVI, Audiencia del 8 de noviembre de 2006

[18] Cf. D. Marguerat, Pau de Tars. Un home cara a cara amb Déu (Glossa 15), Barcelona: Claret 2010, 38-49.

[19] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1265. 1274. 1304. 1375.

[20] Aparecerá como fruto del Espíritu Santo en Gal 5,23; 6,1; 1Cor 4,21.

[21] Cf. Benedicto XVI, Audiencia del 24 de septiembre de 2008.

[22] Sobre el episodio del enfrentamiento de Pablo con Pedro en Antioquía de Siria, recordamos que Pablo recriminó a Pedro por evitar a los paganos en las comidas fraternas, por causa del precepto mosaico de evitar ciertos alimentos. Seguramente los dos tenían su parte de razón: Pedro no quería perder a los judíos que se habían adherido al Evangelio; Pablo no quería que pareciera que se disminuía el valor salvífico de la muerte de Cristo para todos los creyentes. El debate fue una lección para ellos y para toda la Iglesia de cara a orientar el camino […] encontrando soluciones por elevación desde la verdad del Evangelio: «El reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo» (Rom 14,17). Cf. Benedicto XVI, Audiencia del 1 de octubre de 2008.

[23] Cf. A. Pitta, L’Evangelo di Paolo. Introduzione alle lettere autoriali (Graphé 7), Turín: Elledici 2013, 25.

2018-06-08T21:19:45+00:00

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