Ultreya diocesana, fin de curso haciendo Iglesia

A pesar de la fecha tan avanzada, la comunidad de Cursillos, hemos vuelto a acudir a la llamada de nuestro pastor, D. Carlos Osoro, cardenal arzobispo de Madrid, a celebrar en comunidad, dando gracias al Señor por todo lo vivido en este curso. Diez y seis Cursillos, en los que El Señor, ha vuelto a estar grande, celebraciones tan importantes como la Ultreya mundial en Fátima, la ordenación de veinte diáconos en la diócesis de Madrid, de los que cuatro son hijos de nuestra comunidad, y celebrando también la fe y la entrega de los que ya han pasado a la Casa del Padre, como Ignacio Antolin y Agustín Bobo.

Ya en la Eucaristía, don Carlos nos transmitía su mensaje, tomado del que nos dejó el propio Jesucristo, ” la vida está para salir a entregarla” 

En el rollo, Elena nos ha contado cómo en su vida, en su familia y ambientes, reparte la Gracia que ha recibido, y siendo testimonio vivo para sus propios padres.

Las resonancias han seguido el tono del rollo, la vida puesta al servicio del Señor y de la Iglesia. Siendo este testimonio palpable en la resonancia de Eugenio Pérez, uno de los recientemente ordenados diáconos, que nos ha contado que, a pesar de lo mal que lo estaba haciendo en estos días de ministerio, ya se sentía algo, ni más ni menos que ”servidor”, que es lo que significa ser diácono.

Por último, resuenan en mi corazón las palabras de don Carlos al dirigirse a nosotros para clausurar la Ultreya, ”sois un movimiento que no se cierra en si mismo sino que, como hizo la Virgen María, que tras el anuncio del ángel y el hagase en mi, nada más notar en ella la presencia del Señor, se puso en marcha y fue a visitar a su prima Isabel. Así, los cursillistas, cuando os encontráis con El Señor en los cursillos, os ponéis en marcha para anunciarlo a quien aun no lo conoce”.

Así, con este mensaje de seguir saliendo a anunciar al Señor a todo el que no lo conoce y entregando la vida en ello, terminamos este curso.

Me pongo en manos del Señor, para que el parón veraniego no mitigue ni un poquito el ardor apostólico renovado en esta Ultreya Diocesana de fin de curso.

¡DE COLORES!

David Gandulla

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