“La comunión es una unidad entre almas basada en la entrega mutua y libre”

Uno de los descubrimientos más importantes que he hecho los últimos años es el siguiente: la comunión no se da por supuesta.

La comunión es esta unidad entre almas, basada en la entrega mutua y libre, a imagen y semejanza de Dios. Es un regalo, y como todos los dones divinos, es también una tarea.

Vuelvo a recordar lo vital que es esta comunión al recordar el encuentro nacional de consiliarios y colaboradores de Cursillos de Cristiandad que celebramos en Madrid los pasados 27 y 28 de febrero, que juntó a sacerdotes de toda España, incluido nuestro querido Pere de nuestra querida Mallorca, para convivir, conocernos y orar con un solo corazón y una sola alma.

Allí estábamos, convocados por el Secretariado Nacional de Cursillos de España, para profundizar en la relación entre sacerdotes y laicos en la vida del Movimiento. Y quizás esta fue la clave de todo el encuentro: vivir juntos, caminar juntos, evitar el riesgo de considerar la comunidad de Cursillos un mero campo de trabajo al cual los curas somos enviados, refunfuñando, por un obispo lejano. ¿Un sacerdote puede alimentar su espiritualidad en la vida del Movimiento? ¿O debe buscarse otras fuentes en las que beber, para luego desgastarse y consumirse generosamente cursillo tras cursillo? Compartimos estas inquietudes, y otras, reconociendo como una promesa llena de esperanza la posibilidad de caminar en Cursillos como bautizados que somos –nuestra identidad radical–, junto con los laicos, en esta fraternidad, para poder ser, de verdad y hasta sus últimas consecuencias, vuestros padres.

Jaime López Peñalba

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