“Un dirigente dice que sí a Jesucristo”

Hace unas semanas, la responsable de la Escuela de San Pablo, en el Área de Escuelas, me invitó a ir a la convivencia de dirigentes y, como a mí me gustan esos “saraos” no pude decir que no. De hecho, pensé: “¡Qué bien! Una convivencia para “descansar”, aprender y ya, si cuela, para acercarme un poquito más al Señor”. Justo esa semana empecé prácticas y eso de ir a la convivencia a madrugar y no parar se me empezó a hacer más pesado y a darme más pereza, a pesar de mis ganas. Como sabía que, aunque estuviera súper cansada, me iba a venir muy bien, pues iba a ir sí o sí, estuviera cansadísima o no.

La verdad es que cuando me pidió Santi que si podía escribir algo sobre la convivencia, pensé lo mismo de siempre: “¿Y yo qué escribo? Si no sé qué decir…”. Pero no quería decirle que no, porque un dirigente está  para obrar tanto en lo más pequeño como en lo más grande. Un dirigente dice que sí a Jesucristo y si éste le llama a escribir un artículo, por lo menos lo intenta, así que aquí he llegado.

El Señor, “casualmente” en esta convivencia me ha puesto en el corazón la frase que dice así: “Si el grano de trigo muere, da mucho fruto” porque “casualmente” la vi en el Sagrario de mi colegio antes de ir a la convivencia. Y no paraba de verle reflejado en todo: en los dirigentes que dieron rollo, en los que estaban en la decuria, en los que desayunaron, comieron y cenaron conmigo, en los que simplemente me dedicaron una sonrisa, en todas sus conversiones. Y entonces pensé: “Yo quiero ser dirigente en Cursillos y en mi vida”. Es un deseo que me nació en la convivencia de la Escuela de Iniciación y que se había ido apagando poco a poco por mi falta de pedirlo en la oración, pero que me ha vuelto a surgir y esta vez lo pienso alimentar.

“Ser dirigente es un alma que se siente responsable de una misión”, lo han dicho en todos los rollos y en todas las meditaciones, y me lo he vuelto a apuntar siempre. Pensaba que iba a aprender esto, técnicas para el precursillo, el cursillo y el poscursillo. Iba a ser una convivencia muy bonita en las que solamente iba a aprender, y me he vuelto a dar de bruces. “Señor, te pedimos por la convivencia de dirigentes y sus frutos”; cada vez que lo pedían en la ultreya, yo me preguntaba: “Pero, ¿para qué piden por esto? ¿Para que aprenda todo lo que pueda?”. Pues no, para que en esos dos días me acerque al Señor y para que, efectivamente, aprenda todo eso, pero para verlo no en una sino en varias vidas, contemplar las maravillas del Señor, y sobre todo, tener la certeza de que SÍ SE PUEDE. De que se puede con oración, sacrificio, espíritu de caridad e hincando rodilla en el Sagrario, ante Aquél que me ha dado toda una comunidad de la cual no puedo prescindir, y la cual no puede prescindir de mí.

Ya no puedo ni plantearme dar testimonio o no, porque se trata de la salvación de lo que estamos hablando. Se trata de almas que pueden decir al Señor que quieren que les salve, y además luego ellas pueden dar testimonio hasta que “todos sean uno para que el mundo crea”.

Sierva inútil soy, yo solo quiero hacer lo que me mande el Señor, lo que debo hacer. Y me ha quedado claro: moverme como molécula en el agua, intentar pescar tiburones sin miedo a que me muerdan y estar siempre agrupada a la comunidad, esa que me recordará mi misión si se me olvida.

Paula Palanca

DE COLORES

2017-05-17T12:46:22+00:00

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