Café con Cándido

Entre unos platos de queso, chorizo y jamón y unas cervezas nos esperaba Cándido Fernández. Cándido fue ordenado sacerdote hace 50 años y pertenece a la Congregación Hijos de la Sagrada Familia. Durante 30 años ejerció su ministerio en Argentina y allí empezó a colaborar con el Movimiento de Cursillos de Cristiandad. Sus señas de identidad son la sonrisa y la ilusión. Esperamos que disfrutéis de su testimonio tanto como nosotros.

Tu vocación al sacerdocio, ¿la tuviste clara desde muy joven?

Siempre; de chico me preguntaban qué quería ser de mayor y yo decía que cura, desde los 4 ó 5 años. Cuando tuve edad, gracias al párroco que me preparó, entré al seminario; poco después conocí a la congragación a la que pertenezco, porque Dios quiso. El Señor mueve los hilos y te prepara los caminos que tú debes seguir.

¿Cuándo hiciste el Cursillo?

Yo estaba en Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires, archidiócesis de Bahía Blanca, cuando me invitaron a un Cursillo, del 11 al 14 de octubre de 1973. Allí fui sin avisar que era sacerdote; sí lo sabía el equipo, por supuesto, y sobre todo los curas que había. Allí la intendencia se reparte el sábado, y parece que se filtró la noticia de que era sacerdote. A mí me llegó profundamente desde el primer momento, tanto que la gente me confesó que ya la primera noche, en las dos meditaciones, me habían notado muy atento, en el primer banco, y que nunca hubieran pensado que yo era cura sino una persona que iba ahí en búsqueda de algo y arrepentido de muchas cosas. A partir de entonces, fui como una bala: en 19 74 estuve en seis cursillos, cuatro en mi diócesis y dos en una diócesis ya entrando en la Patagonia.

¿Te quisiste quedar en Argentina por Cursillos?

¡Claro! Cursillos me hizo ver que mi lugar podía ser en este Movimiento, sobre todo porque mi tarea de docente me permitía colaborar con Cursillos.  Al principio, en nuestra comunidad la gente no era nada practicante, sobre todo los hombres. Un día me dijo un amigo que en su parroquia, en plena Pampa, un día al mes celebraba una Misa sólo para hombres, e iban por curiosidad, “vamos a ver qué nos ofrece el cura”. Así que este amigo me aconsejó que lo probara. Pues estuvimos casi diez años celebrando esta Misa para hombres y gracias a ello, muchos fueron a Cursillos.

Cuando nombraron al Papa Francisco, ¿cómo lo viviste?

Cuando salió fumata blanca, yo me fui a celebrar Misa, y aunque siempre llevo el móvil en modo vibración, en ese momento lo dejé con sonido. Y al terminar de dar la Comunión, escucho el teléfono, un whatsapp. Entonces lo saco, me levanto el alba delante de todo el mundo y leo: “Cándido, el Papa es el obispo Bergoglio de Buenos Aires”. Y en alto dije “¡pero qué alegría!

¿Qué consejo darías a los jóvenes de Cursillos de ahora?

Que sean perseverantes, que habrá muchos escollos en el camino, pero dice Jesús que quien persevera hasta el fin se salvará. Que perseveren pero sobre todo que estén unidos, en reunión de grupo, ultreya o grupos de amigos, participando de estos eventos tan bonitos que organizáis como las Pascuas, la Misión, el Camino de Santiago, que sabemos que muchas veces han servido de precursillo, y de apoyo también.

Salidilla: Después de esto sólo podemos dar gracias a Dios por este testimonio de entrega, de servicio, de kilómetros recorridos para anunciar a Cristo vivo. Por este ejemplo de ilusión, de ternura y de humildad. Y sobre todo porque Cándido también nos mueve a desear no cansarnos nunca de cansarnos por Jesús.

 (Testimonios de qué ha supuesto el encuentro)

Cándido: Yo agradezco haberse acordado de mí. Doy muchas gracias a la Comunidad de Cursillos de Madrid desde siempre, porque siendo un cura ya mayor, viniendo de fuera, no conociéndome, me abrieron los brazos, me abrieron siempre las puertas en todo momento, tanto sacerdotes como laicos, y me he sentido como en casa desde el primer momento. Y entonces, este rato que hemos pasado es un reflejo de lo que yo he vivido dentro de la comunidad de Cursillos de la archidiócesis de Madrid. Este rato es un rato de amistad, y realmente me sorprendo, y se lo voy a ir a contar al Señor a la capilla, que habiendo tanta diferencia de edad, que podría ser el abuelo, haya esta buena sintonía.

Paula Palanca: Cuando Álex me preguntó si quería ir a un “Café con” me hizo mucha ilusión, pero cuando me enteré de que era con Cándido, ¡hasta me puse a contar los días! ¡Los años que me saca, y es más joven que yo! Tiene tanta vida, que ha dado y que sigue dando, que no puedo estar más encantada de conocerle. Con esa súper sonrisa, energía y gracia con la que cuenta sus vivencias, anécdotas, todo el cariño con el que nos trató, siendo tan transparente y sin ocultar su emoción. Para mí es todo un ejemplo de perseverancia y de querer la voluntad de Cristo a toda costa y en todo momento en su vida. Doy las gracias al Señor por haberle conocido y porque le haya puesto en mi camino, porque es un claro ejemplo de que el camino hacia la santidad SÍ se puede conseguir, con la fe y agarrado de su mano y de la comunidad.

Blanca Vida: De “Café Con”, nada. Cervezas, chorizo y queso. Cándido es el claro ejemplo de que la edad no determina el final de la juventud de nadie. Siempre me impresiona escuchar el testimonio de cristianos con mucha experiencia que, a pesar de que ya han vivido muchas cosas, se siguen dejando sorprender por el Señor, e incluso se emocionan al hablar de Él. Ya había escuchado que la vida de Cándido ha sido hasta ahora muy emocionante y llena de Dios, pero ha sido muy diferente escucharlo con sus propias palabras. Me quedo con la perseverancia y con la ilusión que transmite, con la sonrisa y la alegría con la que cuenta todo y con las ganas de cambiar el mundo tanto en lo cotidiano –el día a día en la parroquia–, como en lo extraordinario –fiarse del Señor y mudarse a Argentina–. Cuántas gracias tengo que dar a Dios por permitirme escuchar testimonios como este, de confianza y servicio.

Cris Sanz: Cándido nos contaba cómo cuándo vivía en Argentina, cada 15 días hacían más de 200 kilómetros, ida y vuelta , para ir a la ultreya. Lo que me impresionó no era solo esto, que ya está bien, sino cómo se emocionaba contándonoslo, decía que la ilusión le quitaba cualquier cansancio, que la ilusión de servir al Señor le daba fuerzas para cualquier cosa. Yo me fui a mi casa con esto en la cabeza, y esa misma noche le pedí al Señor llenarme de ilusión y también le di muchas gracias por Cándido. Compartir ese ratito con él fue una maravilla, me reí muchísimo, está lleno de alegría y también de ilusión, y a mí el Señor me regala su testimonio y cariño para saber que se puede, para darle gracias a Él por la fidelidad de Cándido durante sus 50 años de sacerdote, por su perseverancia y obediencia, y por confiar en Dios, hasta en los tiempos más difíciles. Gracias Cándido, y gracias Señor por esta comunidad llena de gente que me dice cada día que se puede.

 

2017-05-17T12:49:24+00:00

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