Un regalo inesperado

El sábado 25 de febrero el Señor me concedió un regalo inesperado. La diócesis de Madrid me pidió que fuera Roma a un curso para párrocos que organizaba la Rota Romana, con el fin de formarnos en todo lo que concierne a los procesos de nulidad y todo lo que el Santo Padre está planteando sobre la preparación de los novios al sacramento del matrimonio. El curso fue verdaderamente interesante, pero lo más grande es que, al finalizar, tuvimos la sorpresa y el regalo de que el Papa nos recibiera a los trescientos participantes, entre los que estaba el cardenal Osoro, que había ido a clausurar el curso y a su toma de posesión –en la cual también participamos–  de la parroquia que el Papa le asigna al nombrarle cardenal, Santa María en Trastevere.

Lo que no sabíamos es que el Santo Padre nos recibiría y nos saludaría uno a uno. Pero si esto ya era en sí un regalo, lo que me ocurrió me dejó verdaderamente conmovido. Al acercarme a él y después de que don Carlos le dijera que era el párroco de Santa María del Pinar y el consiliario de Cursillos de Cristiandad, y después de besar el anillo del sucesor de Pedro, le dije algo que arrancó del Papa una carcajada que me contagió y que podéis ver en la foto. Después le entregue dos libros: La biografía de Sebastián, de José Antonio Méndez, y “Reflexiones para cursillistas”, del propio Sebastián.

Al hablarle de Cursillos, recordó la Ultreya Europea y me dijo: “Hace un año y algo estuve con los cursillistas y no se sabían las obras de misericordia”. Por supuesto, le respondí que llevábamos desde entonces estudiándonoslas y que la próxima vez que nos viera nos las podía preguntar, y volvimos a reír.

También pude darle una carta donde le pedía oración por el Movimiento de Cursillos y su unidad, por mi parroquia de Santa María del Pinar y por algunas intenciones más entre la que estaba mi familia.

 Le hablé de la muerte de mi hermano y de la de mi tío sacerdote, y tras poner una cara de dolor terrible por lo que le contaba, me dijo: “Vamos a rezar a hora mismo”. Cerró los ojos, como veis en la foto, y se puso a rezar por mi familia y por mí. Nunca podré olvidar este regalo. Después me dijo que trajera su bendición a mi familia, a la parroquia y a Cursillos, y así os lo quiero transmitir.

Aquella mañana recordé una conversación con Sebastián en la que le pregunté cuál era, de todos los Papas que había conocido, el que más le gustaba, a lo que me contestó que en cada momento el que más le gustaba era el Papa.

                Pedro Pérez, Pbro.

         Consiliario diocesano del MCC de Madrid

2017-05-17T12:48:25+00:00

One Comment

  1. Imperio Galindo Tobal 22 mayo, 2017 at 12:37 - Reply

    Los que nacimos en los años 40, tuvimos la suerte de aprendérnoslas como papagayos. El Gaspar Astete con preguntas y respuestas. Gloria a Dios Aleluya,aleluya!!!! . Un abrazo Imperio.
    ULTREYA dePozuelo

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