Testimonio del Cursillo de Cristiandad del 6 al 9 de febrero

ÚrsulaCuando mi amigo Santiago me propuso  si quería hacer un parón en mi vida y pasar un fin de semana alejada de todo, sin pensármelo mucho le dije que sí. La verdad que como todos los que hemos hecho un Cursillo de Cristiandad en principio no sabemos muy bien a lo que vamos y  cierto es que al estar allí me sentía desubicada y preguntándome una y mil veces ¿Qué hago yo aquí? ¿Por qué le habré hecho caso a Santiago? La verdad que me asaltaban mil dudas y aunque siempre he sido una persona de fe y creyente lo hacía de forma autodidacta y un poco “a mi manera”.

Si os soy sincera la primera noche lloré como una niña asustada hasta pensar que me había quedado sin lágrimas, pero al ir avanzando el cursillo me di cuenta de que no es cuestión de cómo se empieza  sino de cómo se acaba y empecé a descubrir que había estado toda mi vida perdida, intentando alcanzar metas pero  vacía por dentro por una sencilla y única razón: yo no tenía un ideal de altura en mi vida y en estos tres días de cursillo lo encontré: JESUCRISTO. Él ahora es el centro de mi existencia, es mi proyecto de vida y caminando de su mano el día a día es totalmente distinto, la vida es de otro color.

Fijaos si mi vida ha cambiado por completo que el último día de cursillo hice mi primera comunión, fue un regalo maravilloso que El Señor me entrego y cada vez que pienso en ese momento me invade una alegría que no me cabe en el pecho…

Ahora viene lo bueno y lo mejor,  seguir adelante con mi nueva vida, feliz y esperanzada. Poder  contarle a todo el mundo mi encuentro con el Señor y que a través de mi experiencia todos  sepan que existe otra vida y que como yo todos podemos alcanzarla.

¡¡¡ DE COLORES!!!

Úrsula M.

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