¡Navidad! ¡Nos va a nacer el Niño!

CURSILLOS DE CRISTIANDAD. Boletín Informativo del SECRETARIADO NACIONAL MADRID. Núm. 17 Diciembre 1964 (p.1 y 2) *

NAVIDAD

NOS VA A NACER EL NIÑO

Ya están explotando de luz los escaparates. Tal vez algunas calles hayan cruzado sus guirnaldas. Empiezan a pulular los tenderetes, que expiden figuras de Belén, paquetes de nieve tibia, parcelas de musgo y cortezas de corcho, que mañana serán montañas. Dios ha nacido en los comercios.

¡NAVIDAD! ¡Nos va a nacer el Niño!

Detrás de cualquier esquina puede asomar el Ángel que, de nuevo, grite al mundo su “slogan”: PAZ. Ese “slogan” que no acabamos de hacer realidad. No una paz de conveniencia, de diplomacia o de pánico; sino la otra, la honda, la que brota del hontanar del alma, la que nace de haberle dado a Cristo nuestra miseria, de haber renacido a su vida, de haber tenido nuestra. Navidad, convertidos en Belén vivo, donde el Divino Chaval cuenta al menos con el calor de un alma, en medio del frío infinito del mundo.

¡NAVIDAD! ¡Nos va a nacer el Niño!

Tal vez este año ha sido el de nuestro renacimiento. Un renacimiento con mayúscula. Gracias a un Cursillo encontramos la estrella que nos tumbó, casi de bruces, violentamente casi, a los pies del Cristo, que se hizo pan, fuerza, perdón, consuelo, estímulo, ilusión. Y tuvimos, anticipada, nuestra Navidad, la de verdad, sin figuritas de Nacimiento ni musgo, ni corcho ni nieve: la Navidad que nos hizo nacer a Cristo en el alma; la Navidad que nos hizo nacer el alma a Dios. Estoy contento porque le nacen a Cristo, todos los días, muchos hermanos. Junto a su Sagrario- el Belén que se afinca en todas las geografías- renacen muchos cristianos que se arrodillan con los ojos deslumbrados de las cosas estupendas de la Gracia, que llega a todas las cabañas. Y le cantan DE COLORES, ese cantar que, en estos días sabe a villancico; el villancico que hace sonreír al mundo; el villancico de los hombres que renacen a Dios.

¡NAVIDAD! ¡Nos va a nacer el Niño!

Porque Navidad lleva algo entrañable, que nos va calando dentro, muy dentro. Es el mensaje litúrgico, por el que la Iglesia invita a los hombres a renacer. Incluso a los que negaron la luz, porque querían zambullirse en la noche. Incluso a aquellos que vieron la estrella en el Cursillo, y la apagaron brutalmente. Incluso a aquellos que dejaron su órbita, y se arrastran en pleno despiste, satélites fracasados de esa era espacial. Navidad quiere despertarles para invitaros a algo más que turrón; quiere invitarles a esperanza y a luz y a Gracia.

¡NAVIDAD! ¡Nos va a nacer el Niño!

La cueva de Belén no tenía puerta, porque el portal tenía que estar siempre abierto a todas las almas, para ir regalando a todas el “don de Dios”, la Gracia conscientemente vivida, acrecentada y comunicada a los hermanos. También a mí, que, aunque no haya querido abandonar a Cristo, voy con remilgos y pretextos y reticencias al encuentro de Dios. Cada día tiene su afán. No puedo estancarme: Belén me habla de superación. El frío que sopla en la Cueva y las pajas que tiritan al aire, me dicen que los cobardes no sirven para el Reino. Hay que aspirar a más. Hay que crecer el “Don”; hay que acrecentar la entrega. El Chaval de Belén lo merece todo.

¡NAVIDAD! ¡Nos va a nacer el Niño!

Seguir cantando, Ángeles, el canto de Belén. Seguid cantando hasta enronquecer: sobre las pajas habrá este año más calor: el de los nuevos hermanos y el de los hermanos viejos, que hacen de sus vidas un testimonio de Cristo, el Niño que nos va a nacer. Dios no nacerá sólo en los comercios; habrá Belenes vivos en toda la cristiandad.

¡Cantad, Ángeles, hasta enronquecer!

* Autor del texto sin firma: Don Sebastián Gayá, director del Boletín a sus 61 años de edad

Artículo enviado por Mariano Vázquez que nos recuerda las palabras de Don Sebastián Gayá en unas fechas tan importantes de la vida cristiana y, concretamente, en aquellos que hemos tenido la oportunidad de realizar un Cursillo de Cristiandad.

Deja un comentario

X